El debate sobre la Inspección Técnica de Vehículos (ITV) suele centrarse en la rigurosidad mecánica, las tasas de aprobación o el cumplimiento normativo. Sin embargo, hay un indicador fundamental que con frecuencia queda fuera de las estadísticas oficiales: la experiencia humana y el respeto a la dignidad de la persona que conduce.
La calidad de un servicio público o concesionado no puede evaluarse únicamente por el resultado de una prueba técnica. Se mide, en igual medida, por el trato dispensado al ciudadano durante todo el recorrido: desde la espera y la protección de sus datos personales hasta la claridad con la que se le explican los fallos de su vehículo sin exponerlo al ridículo o a riesgos innecesarios dentro de la línea de revisión.
Garantizar un entorno seguro, confidencial y respetuoso no es un favor al cliente; es un derecho fundamental del usuario.
