El Alcalde de Troyes: Si no puedes contra el enemigo… únetele

La política criolla suele tener memoria corta, pero las hemerotecas y las actas municipales no mienten. Quien pavimentó su camino hacia el poder absoluto con la bandera de la ética y la promesa de extirpar un «nido de corrupción», hoy parece haber sucumbido ante el pragmatismo más rancio y oscuro del ejercicio político.

Diego Miranda Méndez, el actual alcalde de San José, ha dejado de ser el fiscalizador implacable para convertirse, a los ojos de la opinión pública, en el nuevo «Alcalde de Troyes»

Para entender la magnitud de lo que muchos ya califican como una traición al electorado josefino, es necesario rebobinar el casete.

Durante ocho años en las sillas del Concejo Municipal —cuatro bajo el ala del Frente Amplio y cuatro más con su partido cantonal, Juntos—, Miranda construyó su capital político siendo la némesis de Johnny Araya Monge y su cuestionada estructura (hoy salpicada por el Caso Diamante).

El discurso de Miranda era directo, feroz y sin matices: San José estaba secuestrado por una red de corrupción cuya cabeza era Araya, operada por un núcleo de confianza donde destacaban nombres propios como los de los regidores Alexander Cano y Luis Murillo.

Con esa promesa de limpieza profunda, Miranda logró la hazaña histórica de derribar más de tres décadas de hegemonía del Partido Liberación Nacional (PLN).

La consigna era clara: sacar a la gente de Johnny. No obstante, el poder parece tener un efecto amnésico fulminante.El pacto de la discordia: 1° de mayo en el ConcejoLa primera señal de alarma —y que generó un profundo sentimiento de decepción y desazón en la ciudadanía que votó por un cambio— ocurrió el pasado primero de mayo.

En una movida que rozó el cinismo político, las bancadas que se suponían irreconciliables se fundieron en un abrazo de conveniencia. Rafael González, regidor oficialista y mano derecha de Miranda, alcanzó la presidencia del Concejo Municipal gracias a los votos del bloque remanente del «Arayismo» (PLN), incluyendo a Murillo y Cano.

La escena rozó el teatro del absurdo: Luis Murillo, el mismo al que González había atacado ferozmente en el pasado tachándolo de corrupto, fue el encargado de presentar y postular la candidatura de González.

En una flagrante muestra de reciprocidad y «repartición del pastel», la vicepresidencia del órgano municipal fue entregada a las filas del PLN. Aquellos que ayer se escupían fuego textualmente, hoy se intercambian favores con una sonrisa ensayada.Entregando las llaves del nido. Sin embargo, el entreguismo de la administración de Miranda no se limitó a un trueque de puestos en el directorio. La retribución del favor político caló hondo en la estructura medular de la Municipalidad de San José.

En un acto que se siente como una bofetada a la inteligencia del ciudadano, el alcalde Miranda otorgó las presidencias de las dos comisiones municipales más poderosas y críticas —Hacienda y Obras— a los mismísimos Luis Murillo y Alexander Cano.Cano y Murillo, viejos lobos de la política local, conocen a la perfección el entramado y la forma de «operar» en estas comisiones, las cuales manejan los presupuestos y los contratos de infraestructura del cantón central.

Lejos de esconderse, en los pasillos municipales ya resuena con fuerza y descaro el rumor que estos mismos regidores propagan: las cosas en la administración volverán a ser exactamente como en los tiempos de su líder histórico, Johnny Araya.La metamorfosis del fiscal al cómpliceLa famosa frase atribuida históricamente al Obispo de Troyes ante el avance de Atila, el Rey de los Hunos: «Si no puedes contra el enemigo, únetele», encuentra hoy su máxima y más triste expresión en la capital costarricense.

Resulta repulsivo para la moral pública ver cómo un líder que emergió de las bases de la izquierda y el comunalismo, criticando los pactos bajo la mesa y la vieja política tradicional, termine utilizando los mismos métodos de transacciones oscuras para garantizar la gobernabilidad de su alcaldía.

Entregar Hacienda y Obras a las figuras del núcleo duro que él mismo denunció no es estrategia; es capitulación.Diego Miranda no limpió la casa; simplemente cambió de bando para mantener el control.

Al final, el sistema terminó absorbiendo al reformador. Hoy, los josefinos se despiertan con la amarga certeza de que el cambio fue un espejismo y que, en el fondo del Palacio Municipal, las estructuras de siempre siguen manejando los hilos, ahora con la bendición de quien prometió destruirlas. San José ya no tiene al alcalde del cambio; San José hoy es gobernada por el Alcalde de Troyes.

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