Cuatro mujeres al mando de los Supremos Poderes: ¿Hito histórico o más de lo mismo para una Costa Rica que ya no aguanta más?

Este lunes se concretó lo que la prensa tradicional y los pasillos del poder celebrarán con bombos y platillos como una postal para los libros de historia: con la elección de la magistrada Patricia Vargas González como presidenta de la Corte Suprema de Justicia, las cuatro principales estructuras del poder en Costa Rica quedan, de forma simultánea, en manos de mujeres.

Hagamos el recuento: Laura Fernández Delgado en el Poder Ejecutivo, Yara Jiménez en la Asamblea Legislativa, Patricia Vargas González en el Poder Judicial y Eugenia María Zamora Chavarría en el Tribunal Supremo de Elecciones (nuestro reconocido «cuarto poder»).

Es un hito en la representación femenina, sí. Nadie en su sano juicio negaría el valor simbólico de ver a cuatro mujeres liderando la institucionalidad democrática del país. Pero en La Verdad no estamos para aplaudir fotografías protocolarias mientras el país se nos cae a pedazos. La pregunta que hoy se hace el ciudadano de a pie, el que espera el bus con miedo o el que no sabe cómo pagar el recibo de luz, es mucho más cruda: ¿Y esto en qué cambia nuestra realidad?

¡Ya basta de simbolismos vacíos! Estamos hartos.

Afuera de los salones alfombrados de Zapote, Cuesta de Moras y el Barrio González Lahmann, hay una nación cansada. Un hartazgo palpable recorre cada rincón de Costa Rica.

 Estamos hartos de tener miedo en nuestras propias calles: Mientras se reparten los cargos en las cúpulas, el crimen organizado nos arrebata la paz con tasas de homicidios históricas y una violencia que golpea de frente a nuestras comunidades y a las propias mujeres y niñas en sus hogares.

 Estamos hartos de la desconexión política: La confianza en los tres poderes de la República está por los suelos —en sus niveles más bajos según el IDESPO— porque la gente siente que la clase política vive en una burbuja de engaños, pleitos estériles y promesas rotas.

 Estamos hartos de la falta de oportunidades: De un país donde conseguir un empleo formal es una odisea para los jóvenes y donde el ingreso de las familias no alcanza como antes.

Que cuatro mujeres presidan los Supremos Poderes no significará absolutamente nada si se dedican a administrar el mismo sistema fallido que nos trajo hasta aquí.

El sistema nos falló, y hoy ellas tienen la factura en sus manos

Seamos claros: el problema de Costa Rica no es de nombres ni de géneros; es un entramado institucional lento, sobrecargado y desconectado que le ha fallado a la ciudadanía en su deber más básico de protegernos y garantizarnos bienestar.

Hoy, Laura Fernández, Yara Jiménez, Patricia Vargas y Eugenia Zamora no solo reciben una banda, un mazo o una silla presidencial; reciben un contrato social agrietado.

 A Patricia Vargas en la Corte no la vamos a medir por el hecho histórico de su elección, sino por su capacidad para sacudir un Poder Judicial percibido como lento y por combatir la impunidad que hoy alimenta la inseguridad en los barrios.

 A Laura Fernández en el Ejecutivo y a Yara Jiménez en el Legislativo les exigimos que entierren de una vez por todas esa «polarización afectiva» y ese conflicto permanente entre poderes que tiene paralizadas las soluciones urgentes en seguridad, educación, listas de espera en salud y empleo.

 A Eugenia Zamora en el TSE le toca resguardar la credibilidad de una democracia amenazada por la desinformación y el desencanto de casi la mitad de un país que ya no cree que los gobiernos puedan resolver sus problemas. Pero no nos engañemos: el cambio verdadero no vendrá de arriba como por arte de magia. La política no es «de ellas» ni de las élites; es nuestra responsabilidad. El silencio y la indiferencia ciudadana han sido cómplices durante demasiado tiempo, y es hora de fiscalizar, exigir transparencia y alzar la voz.

La verdadera oportunidad histórica: Reconstruir el país «a lo tico»Si este liderazgo femenino en los cuatro poderes quiere pasar realmente a la historia —no como una simple coincidencia estadística, sino como un punto de inflexión—, tiene ante sí una oportunidad de oro: demostrar que se puede hacer política de otra manera.

Costa Rica no necesita más gritos, ni más muros, ni más arrogancia desde el poder. Necesita volver a su esencia. Necesita que estas cuatro lideresas se sienten en una misma mesa y rescaten la manera tica de construir nación: a través del diálogo franco, el consenso, el respeto mutuo y la búsqueda de la paz.Desde La Verdad, celebramos que las mujeres rompan techos de cristal en nuestra democracia, pero les advertimos desde el primer día que la ciudadanía informada y activa tendrá la lupa puesta sobre cada una de sus decisiones.

Menos discursos de ocasión y más hechos concretos. Es hora de pasar de la foto histórica a la reconstrucción urgente de la seguridad en nuestros barrios, el trabajo digno para nuestra gente y la honestidad que Costa Rica merece. Porque el futuro de este país no está escrito en piedra por quienes ostentan el poder; lo escribimos los ciudadanos.

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