El golpe de timón en EE. UU. y la advertencia para Costa Rica: ningún caudillo es eterno cuando el pueblo dice «¡Ya basta!»

Las urnas en Estados Unidos acaban de dar una lección brutal de realidad política que debería resonar con fuerza en cada rincón de Costa Rica. En un giro inesperado, el Partido Demócrata logró una contundente victoria en las elecciones de medio mandato, arrebatándole a los republicanos el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes y frenando en seco la agenda de Donald Trump para sus últimos dos años de mandato.

La lectura desde suelo nacional no tardó en llegar, y la expresidenta Laura Chinchilla puso el dedo directamente en la llaga sobre lo que esto significa para nuestra propia realidad: “las elecciones de mitad de período en EE.UU. nos recuerda que la democracia es el único sistema político que les permite a los ciudadanos corregir el rumbo de su país en las urnas electorales”.

Hablemos sin rodeos: en Costa Rica estamos hartos. Vivimos atrapados entre el miedo a la violencia en nuestras propias calles, la frustración por la falta de oportunidades y la indignación constante frente a las mentiras y engaños de una clase política que parece haber olvidado a quién se debe. Cuando el sistema nos falla de forma tan evidente y los poderes de la República pierden toda credibilidad, la tentación de entregarle un cheque en blanco a figuras autoritarias que prometen soluciones mágicas siempre está a la vuelta de la esquina.

Por eso, la advertencia de Chinchilla cae como un balde de agua fría para quienes confunden popularidad pasajera con poder absoluto: “por grande que sea la popularidad alcanzada por un líder, llegará el día en que la ciudadanía demande un cambio. Es una lección sencilla que suele olvidarse cuando los ciudadanos conceden demasiado poder a líderes mesiánicos y les abren la puerta a la reelección indefinida”.

El mensaje entre líneas es urgente y nos toca de cerca. La polarización y los gritos desde el poder, generados por oficialistas y opositores, no resuelven la crisis de seguridad ni llevan empleo a las familias costarricenses; solo agrietan más nuestro contrato social. El cambio verdadero no va a caer de arriba como por arte de magia ni vendrá de la mano de un salvador supremo, sino del corazón informado y activo de una ciudadanía que decide no callar más.

Como bien sentenció la exmandataria al cerrar su reflexión: “La posibilidad de cambiar de rumbo se defiende cuando aún se tiene. De lo contrario, cuando llegue el momento de ejercerla, puede ser demasiado tarde”.La política no es propiedad de los políticos de turno; es nuestra responsabilidad. El silencio y la indiferencia han sido cómplices durante demasiado tiempo, pero todavía tenemos el poder de exigir cuentas, defender nuestras instituciones y reconstruir el rumbo del país «a lo tico»: sin caudillos, con diálogo, respeto y la firmeza de un pueblo que sabe hacerse respetar en las urnas.

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